sábado, 17 de octubre de 2009

MORIR DE HAMBRE.


Es y sigue siendo una frase muy Yucatanense para decir que tenemos mucha hambre, contrario a lo que hoy pasa 'aquí aladito' en nuestra hermana Guatemala donde literal y realmente hay gente muriendo de hambre. Asustemonos, porque está aqui cerquita de nosotros, la misma sequía que la Comisión Nacional del agua dice y decreta que no existe en Yucatán, cómo si los limites politicos tambien delimitaran las condiciones climaticas y ambientales entre un pais vecino y nosotros. Ojala la CNA se dè una vueltecita por las milpas del oriente del estado o del Sur o del Centro para que vea cuanto maíz no alimentaràn a las personas de nuestros pueblos. Asustemonos, ya de perdido hagamos eso.

Ojala el Gobierno del Estado y la SAGARPA y sus pseudoprogramitas para el campo se sienten a revisar y lean con anteojos grandes las listas de personas que favorecieron con sus exiguos 400 proyectos desechando a mas de 3000 y beneficiando a nombres como Roger Achach Cima, Maria Eugenia Menendez Cámara, Carlos Jorge Musi, Isbel Cristina Caceres Novelo de una comisaría llamada "Huaymitun" (Já), María Paola Ponce Fernandez de otra comisaría llamada Santa Clara (Já Já) y la cereza del pastel, José Manuel Amendola Arcudia, un oscuro pseudopanista que en la administración de Patricio Patrón Laviada, ocupo el cargo de director de Agricultura de la Secretaría de Desarrollo Rural y cuyos colaboradores le llamaban "El jugador del Puebla" porque ante las peticiones de apoyo siempre hacia la señal de la franja atravezada en la camiseta que quería decir --la mitad para ti y la mitad para mi---...Sí, el que vendió los leoncitos del centenario y del que sus compañeros de la Escuela de Ingenieria donde estudió, lo recuerdan como el que se colgaba de las tareas de otros. El y ese sequito de bellas y castas personas han quedado beneficiadas con apoyos millonarios que humildes campesinos pudieron haber tenido en los más de 3 mil proyectos que no se otorgaron por "insuficiencia de recursos".
Son muy cristianos todos y ojala tambien tengan la piedad de asustarse y que su miseria no les llegué al espiritu y decidan donar esos loables beneficios para otros seres humanos que viven en verdaderas comisarías a punto del hambre.

Aquí les vá un reportaje del Peridico LA NACION en su sección ANCORA.

MORIR DE HAMBRE

En pleno siglo XXI, la hambruna está haciendo estragos en Guatemala. La peor sequía de ese país en 30 años fue el detonante de una pobreza que ahora llega al extremo, con 54.000 familias viviendo en condiciones infrahumanas. Unos 500 han muerto de hambre.
Yuri Jiménez | yjimenez@nacion.com

Las imágenes de niños con la piel pegada al hueso y reventada por la falta de humedad, el cabello ralo y amarillento, y los ojos saltones de mirada perdida que le han dado la vuelta al mundo, procedentes de Guatemala, han dejado estupefacta a la comunidad internacional.

Ya no se trata de los niños africanos que se mueren de hambre tras una dura agonía, muy lejos de Occidente. El propio presidente de ese país, Álvaro Colom, dio la voz de alerta al resto del orbe a principios de setiembre, cuando solicitó declarar “estado de calamidad” en ese país a raíz de la hambruna provocada por la peor sequía de los últimos 30 años.

La situación más grave se da en el llamado “corredor seco” de las colinas de Guatemala, junto al Pacífico: Jalapa, San Pedro Pinula y San Luis Jilotepeque se encuentran entre los lugares donde la pobreza ha llegado a un grado tan extremo que casi se ha vuelto surrealista, como lo describen varios periodistas locales y extranjeros.

Los casos más dramáticos (o al menos los más visibles para la prensa) son los de los infantes, cuyas muertes ocasionadas por la falta de alimento ya rondan la treintena en lo que va del año. De acuerdo con datos gubernamentales, la crisis alimentaria ha sumido a 54.000 familias en la pobreza extrema y ya produjo la muerte de al menos 460 personas, según un corte realizado a principios de setiembre.

Sin embargo, las autoridades reconocen que la cantidad podría ser superior porque no existen datos fiables para determinar los fallecimientos causados por la desnutrición.

Justamente, la Unicef alertó este jueves sobre los miles de casos de desnutrición crónica que hay en Guatemala, una dolencia que afecta casi al 50% de los menores de cinco años, al celebrarse el Día del Niño en ese país centroamericano.

De hecho, al definir la situación como “estado de calamidad” el presidente Colom definió la situación como una tragedia de dimensión “histórica“ por la extensión de la población afectada.

Según el mandatario, además de los efectos de la sequía y la crisis económica, una larga historia de desigualdad ha hecho que los altos y vergonzosos índices de pobreza, extrema pobreza y desnutrición se instalen en Guatemala desde hace mucho tiempo.

“La insuficiencia alimentaria y nutricional, la desnutrición en sus distintas manifestaciones, son un problema histórico y estructural del país. Por ello, hago un vehemente llamado al conjunto de sectores de la vida nacional para que todos contribuyamos a enfrentar este grave problema y sus distintas manifestaciones”, dijo el presidente ante los medios de comunicación.

A pesar de estar lejos de la situación económica de Haití (el país más pobre de América Latina), Guatemala duplica los casos de desnutrición que tiene el país caribeño, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

De los 13,3 millones de guatemaltecos, más de la mitad vive en condiciones de pobreza y su principal sustento es la agricultura, afectada cada año por las sequías o las inundaciones que provocan la pérdida de cosechas de maíz y frijol, su principal sustento.

El representante del Fondo de las Naciones Unidas para la Niñez (Unicef), Adriano González-Regueral, advirtió esta semana, en una entrevista con la agencia AFP, sobre la desnutrición aguda que golpea al 2% de los niños menores de cinco años, pero aseguró que ese porcentaje puede ser mayor en algunas zonas geográficas.

“Se trata de una situación alarmante, pero lo es más aún el nivel de desnutrición crónica, el más alto de América Latina, que sufre casi el 50% de los niños menores de 5 años, y que puede llegar hasta el 90% en zonas de mayoría indígena”, señaló el funcionario.

Explicó que la desnutrición crónica es menos visible que la aguda, pero muy grave porque disminuye en 20% las capacidades cognitivas del niño y debe tratarse antes de los dos años o sus consecuencias se arrastran de por vida.

“Esto conduce a la deserción escolar por falta de recursos, lo que también afecta al desarrollo del país en términos de mano de obra calificada”, subrayó.

Malnutrición extrema

Quienes luchan por salvar a los niños, conviven con una realidad que desafía adjetivos, como bien dice la cadena BBC al dar cuenta de las declaraciones de Lida Escobar, monitora de campo del Programa Mundial de Alimentos en Guatemala.

“Encontramos niños que se hinchan por la retención de líquidos, con decoloración del cabello (...) y niños con otra forma de desnutrición severa, con la piel pegada al hueso”, narró Escobar a esa cadena.

“En Jalapa me quedé impresionada de todo lo que observé: un gran número de niños con problemas severos de desnutrición. Encontramos niños con Marasmo y Kwashiorkor, todos ellos localizados en el hospital de Jalapa”.

Según explicó la experta, Kwashiorkor es un tipo de desnutrición aguda severa en la cual el menor se hincha por la retención de líquidos debido a la deficiencia de proteínas. Hay cambios en la decoloración del cabello y le aparecen lesiones en la piel.

Marasmo, es otra forma de desnutrición aguda severa, derivada de la deficiencia de calorías y proteínas, por lo que a los niños se les ve la piel pegada al hueso. Se ven completamente delgados, también presentan poco cabello y cabello frágil y son muy irritables y apáticos (llorones).

“En Jalapa, los niños tienen problemas de desnutrición, pero además otros males como bronconeumonía y afecciones gastrointestinales y diarreas, entre otros. Esto conduce a un ciclo vicioso de desnutrición y enfermedad. Los niños enfermos pierden el apetito, no absorben bien lo que comen y se desnutren. Por otro lado, los niños desnutridos tienen sus defensas reducidas y se enferman fácilmente, con lo cual se repite el ciclo”, explicó la funcionaria.

En algunos casos la ayuda existe; pero el problema es la falta de educación de la gente.

La agencia EFE dedicó un amplio reportaje a esta grave carencia, que agrava aún más los cuadros de enfermedad. Explicaban que la resistencia de muchas madres a llevar a los menores a los centros de salud complica los casos de desnutrición.

“Las mujeres tienen miedo de llevar a sus hijos. Creen que se los van a robar o les harán algo. Muchas veces, por ignorancia, prefieren ver sufrir a sus hijos antes de llevarlos al centro de salud” , explica el médico Juan Carlos Morales, director del Centro Permanente de Salud de San Agustín Acasaguastlán.

Este árido municipio del departamento de El Progreso, ubicado a menos de 100 kilómetros de la capital, en el que habitan unas 38.500 personas, es uno de los más pobres y abandonados de Guatemala.

La mayoría de sus habitantes, campesinos pobres que apenas si logran cultivar granos básicos para su subsistencia, forma parte de las 54.000 familias que perdieron sus cosechas debido a la prolongada sequía.

Según Morales, en julio pasado, dos hermanas, de ocho y cinco años de edad, fallecieron por desnutrición severa debido a la falta de alimento, pero también por la negligencia de sus padres al no llevarlas a un hospital.

“Luego de que murió la niña mayor, tuvimos que denunciar el caso ante las autoridades, porque detectamos que la pequeña estaba en un ‘cuadro rojo’ de desnutrición. Solo así fue posible llevar a la otra niña al Centro de Recuperación Nutricional de Zacapa”, explica Morales.

No obstante, los esfuerzos de los médicos fueron en vano, ya que la menor falleció dos días después debido a que el grado de desnutrición era sumamente avanzado.

Según las estadísticas que empíricamente han logrado recabar en el Centro Permanente de Salud, en esta población, donde la dieta diaria de sus habitantes es tortilla de maíz, frijoles y café, el 25 por ciento de los niños padece desnutrición crónica, y el 1,8 por ciento, severa.

Ana Mariana, una pequeña de dos años cuyo escaso cabello desteñido, ojos saltones y barriga inflada, evidencian sus carencias nutricionales, también forma parte del “ cuadro rojo” de desnutrición, pero su madre, Ercidaria Flores, se niega a internarla en el Centro de Recuperación Nutricional.

“Es que llora mucho si no me mira (...) Es que no puedo dejar solos a mis otros hijos (...) Es que yo creo que ya se está por recuperar”. Excusas como esas son las que esgrime Ercidaria para argumentar su negativa a que la pequeña Ana Mariana reciba asistencia médica.

Esta mujer de 41 años, madre de 13 hijos a los que alimenta “con tortillas y café”, deja perder su mirada en el horizonte cuando se le pregunta si prefiere ver morir a su hija de hambre en sus brazos, a separarse de ella unos días mientras se recupera en un centro asistencial.

“Hay arraigadas costumbres y creencias culturales con las que no podemos batallar”, lamenta Morales, quien todas las semanas, con dos asistentes, visita las comunidades de San Agustín Acasaguastlán para atender a quienes necesitan ayuda.

Ante la impotencia, él ha organizado un grupo que se dedica a “apadrinar” a los niños de la población que padecen desnutrición severa.

“Hemos tenido respuesta positiva de varias personas, que aportan alimentos básicos para estos niños. El problema es que cada bolsa de alimentos que le entregamos a la madre tiene lo justo para alimentar solo al niño afectado” , explica Morales.

Sin embargo, agrega, “ las madres tienen que repartir la comida entre todos sus hijos, y eso impide la mejoría de los más enfermos”.

La trabajadora social Escobar se ha encontrado con cuadros calcados al anterior.

“En cierta oportunidad, por ejemplo, vi a una niña que ya estaba fría, preparándose para morir, y hablamos con la mamá y le preguntamos por qué no la había llevado al centro. Contó que primero la llevaron al brujo de la comunidad, y solo cuando el brujo no pudo ayudarla, acudieron al centro de salud”.

Y agrega: “Da mucha tristeza ver a esos niños con su mirada fija, ¿hacia dónde? ¿cuál es su futuro? ¿qué pensarán...?”